viernes, 29 de mayo de 2015

Las potencialidades del juego de simulación en el acto de enseñanza

LAS POTENCIALIDADES DEL JUEGO DE SIMULACIÓN EN EL ACTO DE ENSEÑANZA.
Estefanía Moreno Muñoz

RESUMEN
La simulación es un elemento esencial en el acto de enseñanza, porque proporciona un tipo de aprendizaje que se da tanto a nivel experiencial como a nivel de abstracción. Este escrito aborda las ventajas y potencialidades de la implementación del juego de simulación en el proceso enseñanza-aprendizaje. Se aborda la simulación desde antes de ser sistematizada como una herramienta didáctica, y luego se desarrolla su inclusión como acto instructivo y como acto educativo respectivamente.
Palabras clave: Simulación o juego de simulación, didáctica, modelo, acto instructivo, acto educativo.

ABSTRACT
The instructional simulation is an essential element in teaching, for it provides a type of learning that occurs both at the experimental level and at the level of abstraction. This text discusses the advantages and potentials of the implementation of game simulation in the process of learning-teaching. Simulation is addressed before being systematized as a teaching tool, and then its inclusion as an instructive act and as an educative act develops respectively.
Keys word: Simulation or simulation gaming, didactic, model, instructive act, educative act.

El juego como guía o herramienta del acto de enseñanza no es un descubrimiento, es más bien una obviedad. Antes de que fuera implementado en el aula de clase, el juego por sí solo ya era un elemento de socialización y de recreación para los niños de todas las sociedades. Entendido esto, el genio de traducirlo a un modelo didáctico, reside especialmente, en descubrir y utilizar sus potencialidades en el proceso enseñanza-aprendizaje.

El modelo didáctico de simulación es quizá el único que puede considerarse como un juego en sentido estricto de la palabra: se trata de una elaboración artificial, actuada, donde el sujeto caracteriza un personaje o rol, y enfrenta una situación simulada. Sin embargo, Flechsig y Schiefelbein (2003) dejan claro que el participante “reacciona frente a situaciones que tienen elementos fundamentales de la realidad.” Estos elementos de la realidad son fundamentales en la medida en que son los reactivos para el proceso de toma de decisiones y acciones para los implicados en el juego.

Los mismos autores, señalan que es en el escenario de la enseñanza de estrategias militares, o de prácticas médicas, donde los juegos de simulación toman un carácter instruccional. Para dicho momento, seguramente los juegos estaban más encaminados a acciones de memorización de reglas, de reacción de respuesta, de afianzamiento de conceptos, etc., como preparación para la más adecuada implementación de una estrategia o un proyecto; para el éxito de esta bajo cierto esquema dado. Puede decirse, un nivel más instructivo que educativo. En todo caso, se cumplía con el orden lógico que hoy podemos reconocer en su uso didáctico: fases de organización, introducción, interacción (juego) y evaluación.

El nivel educativo de las simulaciones comprende entonces que “el aprendizaje a través de una vivencia, facilita la comprensión e integración de los sistemas complejos y favorece el cambio de esquemas mentales necesario para el aprendizaje (Zamora, 2002)” (Castro 2008). Y la vivencia simulada es juego y es realidad, posibilitando el movimiento de los conceptos: sea para su afianzamiento o para dar lugar a nuevas elaboraciones. La gama de posibilidades en las que puede desembocar un juego es tan variada como las que puedan ocurrirse a los sujetos participantes.

En cuanto a las fases que fueron mencionadas, la organización es una tarea del educador, pues su elaboración debe ser seria y bien medida, tomando en cuenta las características de los participantes, del entorno y de los fines. “Velarde (2005) sostiene que en todo juego instruccional se debe crear un ambiente de aprendizaje que conduzca a un arduo trabajo y a una reflexión seria”. El momento de la reflexión a que apunta Velarde, estaría dado en la evaluación, entendida como retroalimentación del ejercicio en cada uno de sus momentos, y no como en el acto instructivo, donde meramente se evalúa el éxito o fracaso de la tarea. Si asumimos que el fin principal de este modelo didáctico apunta hacia el desarrollo de la toma de decisiones, es precisamente este punto el que debe ser evaluado, y la consecución lógica de él.

Otro factor potencial a tener en cuenta es que, la simulación es juego y no tarea. Cualquier actividad que se realice dentro del aula de clase debe ser traducida en medición del conocimiento de los aprendices, y es evidente que las evaluaciones y otros tipos de actividades escritas no son tan motivadoras como una actividad lúdica. No quiero que se entienda un desprecio por los métodos o actividades escriturales; lo que se quiere resaltar es que una actividad lúdica, al motivar a los estudiantes, arrojará mejores resultados en cuanto al aprendizaje, y la cuestión de la evaluación pasa a un segundo plano, situación que no ocurre con las tareas.

La simulación como modelo didáctico es importante porque potencia el componente motivacional en los estudiantes. En este sentido, se presenta a ellos como una oportunidad para el esparcimiento, mientras que al mismo tiempo están inmersos en una actividad educativa que les demanda esfuerzo físico y mental. Promueve el desarrollo de capacidades de análisis, acción, confrontación y decisión, en situaciones simuladas que son espejo de la vida social. Con este último aspecto, se entiende también que esta estrategia es, de alguna manera, anticipatoria y preparadora de experiencias futuras, y al mismo tiempo es en sí misma una experiencia activadora de las facultades y actitudes reales que pueden desplegarse.

Otro aspecto importante es el libre intercambio ante las situaciones simuladas –tanto de la situación conflictiva, como de las posibilidades de resolución de la misma-, dando a conocer los mecanismos con que el sujeto cuenta para hacerle frente, y la manera en que se siente implicado socialmente, aun cuando ocurra en un nivel de abstracción. Esta última salvedad es importante porque, aunque es un juego, debe sentirse parte activa de la simulación porque, debe recordarse, que esta es una representación de la realidad, y debe tomarse con la simpatía de quien juega y con la seriedad de quien podría vivirla en una experiencia real posterior. Finalmente, otro elemento para resaltar sería que el juego es el lugar del encuentro con las cualidades y posibilidades del otro: no se trata solo de cómo un individuo resuelve algo, sino de cómo logra hacerlo en conjunto; es el carácter cooperativo que se da en la simulación.

  Bibliografía
Castro, Santiago, “Juegos, Simulaciones y Simulación-Juego y los entornos multimediales en educación ¿mito o  potencialidad?”, Revista de Investigación, Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Instituto Pedagógico de Caracas. Nº 65, 2008, pp, 223-246.
Schiefelbein, Ernesto., Flechsig, Karl-Heinz. (2003). Veinte modelos didácticos para América Latina. INTERAMER, Organización de los Estados Americanos., pp, 129-134. 

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