LAS
POTENCIALIDADES DEL JUEGO DE SIMULACIÓN EN EL ACTO DE ENSEÑANZA.
Estefanía
Moreno Muñoz
RESUMEN
La
simulación es un elemento esencial en el acto de enseñanza, porque proporciona
un tipo de aprendizaje que se da tanto a nivel experiencial como a nivel de
abstracción. Este escrito aborda las ventajas y potencialidades de la
implementación del juego de simulación en el proceso enseñanza-aprendizaje. Se
aborda la simulación desde antes de ser sistematizada como una herramienta
didáctica, y luego se desarrolla su inclusión como acto instructivo y como acto
educativo respectivamente.
Palabras clave: Simulación
o juego de simulación, didáctica, modelo, acto instructivo, acto educativo.
ABSTRACT
The instructional simulation is an essential element
in teaching, for it provides a type of learning that occurs both at the
experimental level and at the level of abstraction. This text discusses the
advantages and potentials of the implementation of game simulation in the
process of learning-teaching. Simulation is addressed before being systematized
as a teaching tool, and then its inclusion as an instructive act and as an
educative act develops respectively.
Keys
word: Simulation or
simulation gaming, didactic, model, instructive act, educative act.
El
juego como guía o herramienta del acto de enseñanza no es un descubrimiento, es
más bien una obviedad. Antes de que fuera implementado en el aula de clase, el
juego por sí solo ya era un elemento de socialización y de recreación para los
niños de todas las sociedades. Entendido esto, el genio de traducirlo a un
modelo didáctico, reside especialmente, en descubrir y utilizar sus
potencialidades en el proceso enseñanza-aprendizaje.
El
modelo didáctico de simulación es quizá el único que puede considerarse como un
juego en sentido estricto de la palabra: se trata de una elaboración
artificial, actuada, donde el sujeto caracteriza un personaje o rol, y enfrenta
una situación simulada. Sin embargo, Flechsig y Schiefelbein (2003) dejan claro
que el participante “reacciona frente a
situaciones que tienen elementos fundamentales de la realidad.” Estos
elementos de la realidad son fundamentales en la medida en que son los
reactivos para el proceso de toma de decisiones y acciones para los implicados
en el juego.
Los
mismos autores, señalan que es en el escenario de la enseñanza de estrategias
militares, o de prácticas médicas, donde los juegos de simulación toman un
carácter instruccional. Para dicho momento, seguramente los juegos estaban más
encaminados a acciones de memorización de reglas, de reacción de respuesta, de
afianzamiento de conceptos, etc., como preparación para la más adecuada
implementación de una estrategia o un proyecto; para el éxito de esta bajo
cierto esquema dado. Puede decirse, un nivel más instructivo que educativo. En
todo caso, se cumplía con el orden lógico que hoy podemos reconocer en su uso
didáctico: fases de organización, introducción, interacción (juego) y
evaluación.
El
nivel educativo de las simulaciones comprende entonces que “el aprendizaje a través de una vivencia, facilita la comprensión e
integración de los sistemas complejos y favorece el cambio de esquemas mentales
necesario para el aprendizaje (Zamora, 2002)” (Castro 2008). Y la vivencia
simulada es juego y es realidad, posibilitando el movimiento de los conceptos:
sea para su afianzamiento o para dar lugar a nuevas elaboraciones. La gama de
posibilidades en las que puede desembocar un juego es tan variada como las que
puedan ocurrirse a los sujetos participantes.
En
cuanto a las fases que fueron mencionadas, la organización es una tarea del
educador, pues su elaboración debe ser seria y bien medida, tomando en cuenta
las características de los participantes, del entorno y de los fines. “Velarde (2005) sostiene que en todo juego
instruccional se debe crear un ambiente de aprendizaje que conduzca a un arduo
trabajo y a una reflexión seria”. El momento de la reflexión a que apunta
Velarde, estaría dado en la evaluación, entendida como retroalimentación del
ejercicio en cada uno de sus momentos, y no como en el acto instructivo, donde
meramente se evalúa el éxito o fracaso de la tarea. Si asumimos que el fin
principal de este modelo didáctico apunta hacia el desarrollo de la toma de
decisiones, es precisamente este punto el que debe ser evaluado, y la
consecución lógica de él.
Otro
factor potencial a tener en cuenta es que, la simulación es juego y no tarea.
Cualquier actividad que se realice dentro del aula de clase debe ser traducida
en medición del conocimiento de los aprendices, y es evidente que las
evaluaciones y otros tipos de actividades escritas no son tan motivadoras como
una actividad lúdica. No quiero que se entienda un desprecio por los métodos o
actividades escriturales; lo que se quiere resaltar es que una actividad
lúdica, al motivar a los estudiantes, arrojará mejores resultados en cuanto al
aprendizaje, y la cuestión de la evaluación pasa a un segundo plano, situación
que no ocurre con las tareas.
La
simulación como modelo didáctico es importante porque potencia el componente motivacional
en los estudiantes. En este sentido, se presenta a ellos como una oportunidad
para el esparcimiento, mientras que al mismo tiempo están inmersos en una
actividad educativa que les demanda esfuerzo físico y mental. Promueve el desarrollo
de capacidades de análisis, acción, confrontación y decisión, en situaciones
simuladas que son espejo de la vida social. Con este último aspecto, se
entiende también que esta estrategia es, de alguna manera, anticipatoria y
preparadora de experiencias futuras, y al mismo tiempo es en sí misma una
experiencia activadora de las facultades y actitudes reales que pueden
desplegarse.
Otro
aspecto importante es el libre intercambio ante las situaciones simuladas
–tanto de la situación conflictiva, como de las posibilidades de resolución de
la misma-, dando a conocer los mecanismos con que el sujeto cuenta para hacerle
frente, y la manera en que se siente implicado socialmente, aun cuando ocurra
en un nivel de abstracción. Esta última salvedad es importante porque, aunque
es un juego, debe sentirse parte activa de la simulación porque, debe recordarse,
que esta es una representación de la realidad, y debe tomarse con la simpatía
de quien juega y con la seriedad de quien podría vivirla en una experiencia
real posterior. Finalmente, otro elemento para resaltar sería que el juego es
el lugar del encuentro con las cualidades y posibilidades del otro: no se trata
solo de cómo un individuo resuelve algo, sino de cómo logra hacerlo en
conjunto; es el carácter cooperativo que se da en la simulación.
Bibliografía
Castro,
Santiago, “Juegos, Simulaciones y Simulación-Juego y los entornos multimediales
en educación ¿mito o potencialidad?”,
Revista de Investigación, Universidad Pedagógica Experimental Libertador.
Instituto Pedagógico de Caracas. Nº 65, 2008, pp, 223-246.
Schiefelbein,
Ernesto., Flechsig, Karl-Heinz. (2003). Veinte modelos didácticos para América
Latina. INTERAMER, Organización de los Estados Americanos., pp, 129-134.
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